…una señora con sobrepeso no
refleja el perfil idóneo para ejercer como ministra de “sanidad”
La noticia que ayer publicaba El
Mundo hablaba sobre las críticas que había recibido la nueva ministra belga de
Sanidad, Asunto Sociales y Deporte, Maggie de Block, por su cuestionable estado
de salud. Esta persona, cuya formación académica/profesional puede ser muy
completa (carrera de medicina y una de las políticas más respetadas por sus
colegas y de las más valoradas del país con un apoyo del 74%) sufre una obesidad
evidente que choca con las nuevas funciones que va a desempeñar: preocuparse
por la salud de los belgas.
En este punto es muy comprensible
que la opinión pública de este país se plantee si debe ser esta la persona
adecuada para el puesto. Ideas como “si no se cuida a sí misma, ¿cómo va a
cuidar del resto?” tardarán poco en surgir.
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Maggie de Block, ministra belga de Sanidad
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Y es que, por pura coherencia de imagen de cara al público, debería haberse tenido en cuenta este aspecto a la hora de nombrarla. Si bien a una persona le podría extrañar que fuera ministro de justicia un ex-presidiario o que fuera ministro de turismo un hombre que no ha estado en la playa en toda su vida, es muy comprensible entender la duda de aquellos que no entienden lo que está ocurriendo con Maggie de Block.
Y al igual que se da esta
situación, los altos cargos de empresas con productos consumidos por millones
de personas, deberían también consumir sus productos. Es decir, el presidente
de McDonalds no puede ser vegetariano; el CEO de Calidad Pascual
no puede ser intolerante a la lactosa; o el consejero delegado de SEAT no puede ser alguien
que no tenga carné de conducir.
La imagen física/corporativa del responsable de una empresa (o institución pública) es esencial para que el
proyecto que quiere llevar a cabo se realice, y por tanto debe ser completamente coherente.

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